Los últimos días ha sido complicados para Asia. Varios países y ciudades de la región, como Hong Kong, Filipinas y Taiwán, enfrentan el azote del supertifón Ragasa. El planeta nos envía otra señal de alerta climática. No podemos actuar como si no estuviera pasando nada. ¿O acaso lo hemos normalizado demasiado?
Ragasa está entre los tifones más poderosos del 2025, dejando muertos, desaparecidos y daños estructurales. Desde hace días, los organismos meteorológicos alertaron sobre la llegada del tifón, el cual se intensificó de forma radical en un periodo de 48 horas. Este tipo de aceleración está asociada al incremento de las temperaturas en el océano, un síntoma directo del calentamiento global.
El fenómeno natural registró vientos que alcanzaron la velocidad de hasta 267 km/h, similar a lo que en otras regiones del planeta se conoce como un huracán categoría 5. Recordemos que la terminología utilizada para esta clase de fenómenos depende de la región del mundo donde tenga su origen.
Ragasa causó inundaciones que cobraron la vida de decenas de personas. Los gobiernos tuvieron que ordenar evacuaciones masivas de emergencia, una situación que, junto con las afectaciones en infraestructura, paralizaron varias actividades económicas.
En Taiwán, la Oficina Meteorológica emitió la señal de tifón Nivel 10, la más alta posible. Esto quiere decir que los vientos pueden superar los 200 km/h, por lo que es capaz de arrancar árboles, destrozar edificios y levantar objetos pesados por los aires. La alerta obliga a suspender actividades básicas como el transporte público, además del cierre de escuelas, instituciones de gobierno y comercios.
Por el momento, el número de muertos por el tifón supera las 20 personas, la mayoría de ellas en el territorio taiwanés y Filipinas.
¿Qué es un supertifón?

Un tifón es un ciclón tropical de núcleo cálido donde los vientos sostenidos en superficie alcanzan una velocidad similar o superior a los 119 km/h. Son conocidos como huracanes al este de la línea internacional de cambio de fecha, mientras que se les llama tifones al oeste de tal referencia. Si se originan en el Océano Índico y el Pacífico Sur, el término utilizado es ciclón.
Por su parte, un supertifón es un tifón, aunque suene redundante, en el que los vientos máximos sostenidos en la superficie alcanzan los 241 km/h. En ciertas regiones de Asia, la denominación se asigna con umbrales más bajos.
Entre sus características, se encuentran un ojo bien definido, un centro claro y simétrico, rodeado por un anillo de nubes extremadamente densas. La pared del ojo sobresale por su potencia, convirtiéndose en una región de gran poder destructivo. Sus lluvias torrenciales generan acumulaciones que pueden superar los 500 mm en pocos días.
La marejada que provoca un tifón como Ragasa eleva el nivel del mar y, por ende, el riesgo de inundaciones en las zonas costeras. Su impacto suele provocar la pérdida de vidas humanas y desaparecidos, además de daños catastróficos en infraestructura, agricultura y servicios básicos. Las evacuaciones masivas y la interrupción de las actividades acentúan el daño sobre la economía nacional.
¿Por qué el supertifón Ragasa es una señal de alerta climática?

El supertifón Ragasa es otro recordatorio del planeta sobre la emergencia climática. La génesis de tormentas de alto poder destructivo está vinculada a temperaturas oceánicas anormalmente elevadas. El hecho de que gane intensidad en pocas horas es un fenómeno cada vez más común. El resultado son devastaciones ciudades, poblaciones y ecosistemas. Poco se puede hacer frente a un tifón que encuentra condiciones propicias para ganar fuerza en cuestión de horas.
De acuerdo con científicos de la Universidad de la Ciudad de Hong Kong, el sur de China y toda esta región de Asia enfrentarán tifones cada vez más potentes y frecuentes debido al cambio climático. Este verano, se rompieron récords de precipitaciones en la región. El supertifón Ragasa no es un evento aislado ¡Eso hay que quitárnoslos de la cabeza cada que pasa una catástrofe!
Hay eventos que son capaces de desatar el caos entre la población; lo vimos con emergencias sanitarias como la pandemia de Covid-19. Las catástrofes naturales también entran en dicha categoría, ya que el cierre de aeropuertos, redes de transporte, negocios, cadenas de suministro, etc., paralizan economías enteras.
Además, ciudades como Hong Kong y Shenzhen no están diseñadas para ejecutar evacuaciones masivas, lo que contribuye a la incertidumbre, el pánico y la ineficiencia a la hora de responder a desastres naturales.
De ahora en adelante, es crucial entender que nos encontramos en una emergencia climática y que estos fenómenos naturales se volverán cada vez más destructivos. Como especie, lo tenemos ganado.
Nota: Algunas imágenes de este artículo tienen finalidad puramente ilustrativa y enlaces de programas de afiliados que podrían generar ingresos al medio.
